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Libros

Blog Tamar Cohem


Cuento de hadas

Tamar Cohen 20-03-2019

A mis hijos:

Este fin de semana fue un intensivo de maternidad. Tuve tres partidos de basquetbol de mis hijos y vi dos series en Netflix que hablaban del tema. Las dos muy recomendables: Workin´ moms y The let down. Ambos factores me hicieron reflexionar sobre el rol más importante de mi vida. Recuerdo lo increíble que era dormir con mis hijos en la cama y amamantarlos a cada hora, claro que el cansancio se iba acumulando noche tras noche, pero qué importaba, además había que ser estricta en no usar chupón porque iba en contra de mi filosofía, y como eran niños de brazos, si quería meterme a bañar había que hacerlo incluso antes de que saliera el agua caliente, la cuna era solo de adorno. Fueron creciendo y de pronto me vi en la disyuntiva de saber ¿qué era mejor? Si ser una mamá estricta que pone límites, lo cual me sonaba a maestra de matemáticas, y yo definitivamente no sé nada de números. O ser lo más parecido a una amiga. Escogí la opción dos. Y claro, esto conlleva sus problemas, te contestan feo de vez en cuando, pero qué importa, si lo mejor es que hay confianza y te cuentan sus mayores secretos. O eso creo. La verdad es que la maternidad no es ningún cuento de hadas, me ha hecho experimentar mucho dolor e impotencia. Pero es impresionante como un pequeño acto puede borrarlo todo y hacerte sentir el ser más afortunado del planeta. El sábado mi hijo J de 22 años hizo un tapón en el partido y me lo dedicó con un guiño. Así de sencillo se borran las noches en vela, discusiones, arrebatos y dudas sobre si la educación que uno les ha dado ha sido la ideal. Seguro que el Barón se va a quejar porque no hablé de lo bueno que ha sido como papá, pero ten consideración, el blog solo me permite 300 caracteres.




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Cita a ciegas

Tamar Cohen 13-03-2019

Entro a la librería, veo una portada que me llama la atención, leo el primer párrafo o quizá solo el primer renglón. Si me gusta me lo llevo. De lo contrario lo regreso al estante, o en el peor de los casos, lo escondo debajo de los pesados libros de arte. Ya sé que mi decisión al comprar un libro es demasiado severa, pero me ha funcionado en la mayoría de los casos. A menos, por supuesto, que vaya especialmente por uno que me hayan recomendado. Mi hermana M, por ejemplo, hace lo contrario. Lee el último párrafo, si la atrapa, se lo lleva (y si no también, jaja, es que como dice la expresión, lee hasta por los codos) Me gustaría pensar que mis lectores son un poco más flexibles, que se animan a leer un capítulo entero antes de desechar la novela, o que son capaces de leer las 300 palabras del blog de un jalón sin que su mente divague en el alza del precio del aguacate. Pero la verdad es que el inicio de un texto y el final es esencial, como autora y lectora lo sé. Hay que trabajarlo mucho, definir los detalles, escoger las palabras precisas, los puntos y comas. Es como la primera impresión de tu cita a ciegas: Un aliento a podrido, la falta de un botón, el pelo grasoso, los vellos en la oreja. No hay más que decir. Debut y despedida. A menos, claro, que los vellos en la oreja, la torpeza al vestirse, el pelo de grasa de gallina y el aliento añejo te parezcan sexys. Entonces lo más seguro es que terminen en un cuarto de hotel. En lenguaje literario, el libro te sedujo, lo compraste y te sentaste en el parque a leerlo acompañada del más espectacular de los atardeceres. Ahora solo espero que donde te encuentres, ya sea en el parque, o de preferencia en el hotel, hayas disfrutado de mi blog.




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Rechazo editorial

Tamar Cohen 06-03-2019

El año pasado se me ocurrió escribir la segunda parte de Cinco modos para deshacerme de mi hermanito. El primer libro lleva seis reimpresiones, así que era lógico que la continuación también tuviera una gran acogida. Me puse a escribirlo con emoción y disciplina, a la par que me juntaba con mi amiga/editora para corregir hasta los últimos detalles. Una vez terminado lo mandé a la editorial y me senté a esperar. Por fin el miércoles pasado recibí la tan anhelada llamada: Gracias pero no nos gusta, bueno, digamos que no fue así de frío, las razones eran válidas, pero el resultado el mismo. Hacía mucho que no me rechazaban un texto. Fuera de la primera novela que escribí, que aún permanece guardada en la computadora, todo lo que siguió siempre encontró un lugar para ser publicado. Por suerte, tengo claro que lo mío es escribir, así que no me derrumbé, ni consideré un cambio de profesión. Lo tomé como una persona madura, aventé el puto teléfono al escusado y le jalé a la puta cadena. Ya sé lo que los optimistas dicen, que esta experiencia me hará ser una mejor escritora, persona, mamá, esposa, hija, ciudadana, amiga, bla, bla, bla. Demasiada filosofía positiva. No entiendo por qué sobre cada anécdota necesitamos aprender algo. La verdad es que yo habría preferido que me publicaran mi historia y que siguiera siendo exactamente quien soy. No quiero ser una mejor persona, ni una mejor ciudadana, ni siquiera una mejor escritora ¡Quiero ver mi libro publicadooooooo!!!!!!!!! ¿Es mucho pedir? Perdonen mi arranque de furia. En fin, la vida sigue y los proyectos también, quizá retome más adelante la historia, la transforme y me la acepten. O quizá no. Mientras seguiré haciendo lo que me apasiona, escribir, aunque todo el futuro de mis obras siempre sea incierto.




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El poder de la menstruación

Tamar Cohen 27-02-2019

Poco antes de cumplir los once tuve mi primera menstruación. A pesar de tener 3 hermanas mayores, no tenía idea de lo que era esa mancha en los calzones. Cuando se la mostré a mi mamá lo único que me dijo fue: Felicidades, ya eres una señorita. Mi papá llamó del exterior en ese momento y mamá me obligó a contarle. Papá dijo exactamente las mismas palabras: Felicidades, ya eres una señorita. Esa fue toda la información que recibí acerca de un evento que transformaría gran parte de mi vida. Recuerdo que nunca sentí vergüenza al hablar de la regla, ni siquiera enfrente de los hombres. Más bien eran ellos quien me pedían que callara, que les daba asco. Algunas amigas en la escuela preferían llamarla por otro nombre, el más absurdo era La Tía. Ya me llegó La Tía, decían, como si menstruación, regla o período, fuesen palabras prohibidas. Más de 30 años después, el tema aún sigue siendo tabú. Y el problema con eso es que genera ignorancia y sentimientos de inferioridad. En la última entrega de Óscares, Period. End of Sentence, ganó el premio al mejor documental. Trata sobre un pueblo en la India donde nadie habla de la menstruación, de hecho hay hombres que la consideran una enfermedad. Las mujeres usan telas sucias y deben de buscar sitios alejados para cambiárselas, por lo que muchas de ellas abandonan la escuela. Un grupo de valientes mujeres se juntan para fabricar toallas sanitarias desde sus casas, las venden y con eso se vuelven independientes económicamente. Al mismo tiempo se fortalecen y luchan contra el estigma de la regla. Hace ya varios años que “La Tía” no me visita, pero después de ver el documental, me dieron unas ganas enormes de recibirla y sentirme tan poderosa como esas mujeres en la India.




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Pulcros intestinos

Tamar Cohen 20-02-2019

Esta es de las anécdotas más extrañas que me han sucedido en la vida. Y creo que después de un año de blog, ya hay suficiente confianza entre nosotros para que se las platique. Hace poco más de una década me fui a vivir con mi familia a Israel por un año. Durante los primeros dos meses mi hebreo no era muy bueno pero me defendía. Una tarde vi un letrero en la calle: acupuntura para problemas del colon. Justo me sentía pésimo del estómago, lo cual no es raro en mí, así que marqué al número de teléfono. Me hicieron algunas preguntas. Como no entendía del todo intercalé unos cuantos sís, por unos nos, ¿qué podría pasar? El día de la cita lleno 4 hojas de formularios (en inglés), me quito la ropa de la cintura para abajo y me pongo una bata. Nunca me habían hecho acupuntura por lo que supuse que era normal. Cuando la Dra. me platica que está a punto de meterme un tubo por el recto y echarme agua tibia hasta vaciar mis intestinos, me quedo petrificada. Ni siquiera soy capaz de decirle que hay una equivocación, que yo vengo a acupuntura, que no voy a dejar que me meta nada, mucho menos por ese agujero. Pero me gana la pena. Además, me acuerdo de las 4 hojas de formularios que llené, si me voy habría sido tiempo tirado a la basura. Así que me acuesto en posición fetal y dejo que me manipule a su antojo. Lo peor viene después. En la caja me dicen que es el mes del descuento, que si pago cinco lavados de estómago de un jalón, me dan uno gratis ¿Cómo rechazar la grandiosa oferta? Pago por adelantado los cinco y regreso a la semana. Al salir de mi segundo lavado veo una puerta dentro del mismo consultorio. Alcanzo a leer: Acupuntura. Y de inmediato se retuercen mis pulcros intestinos.




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Obsesión enfermiza

Tamar Cohen 12-02-2019

Mi obsesión por Lady Gaga ha llegado a niveles enfermizos. Aunque quizá decir esto sea un pleonasmo, es decir, todas las obsesiones per se son enfermizas, ¿o no? El caso es que la semana pasada soñé que éramos mejores amigas, de esas que se cuentan sus más íntimas confidencias y no se sueltan de la mano. La invitaba a comer a casa de mis papás, le describía uno por uno los exquisitos platillos árabes que cocina mi mamá. Al principio decía que sí, pero a última hora su maldito agente se la llevaba de gira por Europa. Así que yo, apresurada, cogía una hielera y la llenaba de kipes (comida típica árabe), para que los saboreara en el camino. Y entonces sonó el despertador. Lo apagué con brusquedad ¿No se podría haber esperado unos cuantos minutos más? No alcancé a darle la hielera a Lady Gaga, la cerré y le puse hielo, de eso estoy segura, pero el contenido no se puede conservar fuera del congelador más de dos horas. Así que puse otra alarma, diez minutos más, me daría tiempo perfecto de entregarle la hielera y de ver su hermosa sonrisa. Obvio no funcionó. Por más que traté de concentrarme, la amistad, que parecía tan sólida como un ladrillo, se desintegró, ni siquiera quedaron unas cuantas migajas sobre la almohada. No debo ser mal agradecida, los sueños son lo más cercano a la realidad, así que debo sentirme afortunada porque al menos dormida llegué a conocer el verdadero ser de Lady Gaga. Estoy segura que ya habrá otras oportunidades, así que estaré preparada, tendré lista la hielera y una olla donde calentar los kipes, pondré un mantel en el jardín y nos sentaremos a filosofar sobre la vida acompañadas de una botella de vino ¿Crees que mi obsesión se esté desbocando?




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¿Un premio que cambiaría mi vida?

Tamar Cohen 06-02-2019

En el 2015 creí que una llamada cambiaría mi vida. El celular sonó cuando me encontraba en la regadera, al salir remarqué al número desconocido y en cuanto escuché que una grabadora me decía que había llamado a la editorial SM, mi cuerpo comenzó a temblar. A los pocos minutos me encontraba hablando con los jueces que me habían otorgado el Premio Gran Angular por mi novela El año terrible. Yo gritaba y daba saltos por toda la casa ¡Gané! ¡Gané!, exclamaba eufórica una y otra vez. Los primeros días y hasta meses la adrenalina seguía corriendo por mis venas, a veces hasta fantaseaba con verme desfilar por alguna alfombra roja con un vestido de Valentino. Ahora que han pasado algunos años puedo ver lo ingenua que fui. ¿En qué estaba pensando cuando creía que mi vida cambiaría? ¿Sería tan famosa que tendría que usar gorra y lentes oscuros para evitar a los fans que se congregarían a las afueras de mi casa?¿O se trataba de algo todavía más increíble, como que de la noche a la mañana me crecería el pie diez centímetros? En una entrevista que le hicieron a Etgar Keret, uno de mis escritores favoritos, cuenta sobre lo arbitrarios que son los premios. Una vez dos jueces deliberaban sobre un premio. El ruso se lo quería dar a Keret y el inglés no. En eso el inglés le dijo: ya, tengo hambre. Y el ruso respondió: pues yo no, y podría quedarme así hasta las 4 de la mañana. El inglés, desesperado por ir a comer, aceptó dárselo a Keret ¿Un premio decidido por hambre? Me pregunto que habrá sucedido en mi caso. Quizá los jueces desayunaron chilaquiles, a todos les causó diarrea menos a uno, y ése fue quien me eligió. ¿Así que mi premio se lo debo a un estómago resistente? Con razón mi vida no cambió.




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Un corazón roto

Tamar Cohen 29-01-2019

A Mia
El miércoles pasado dormimos a Mia, nuestra hermosa perra labrador que nos acompañó durante nueve años y medio. Mis tres hijos y yo la despedimos entre lágrimas y caricias. Fue muy doloroso presenciar su muerte, pero ella se merecía no estar sola en esos momentos. Mientras escribo estas líneas ahora soy yo la que se siente sola, extraño sus ronquidos que tanto me desconcentraban, y sus golpeteos con la cabeza para que le abriera la puerta del estudio. Los días pasan y no me acostumbro a ver vacía su cama. En sus últimos meses apenas podía caminar y bajar escaleras, pero de pequeña tenía una dinamismo que había que ponerle un collar especial para que al salir a la calle, yo no terminara siendo arrastrada por ella. Recuerdo que cuando los hijos de mis amigas venían a la casa, había que encerrarla en el balcón, y ella, sabiéndose temida, saltaba como si estuviera en un acto del circo. Mis amigas escapaban asustadas con sus hijos, sin darse cuenta que, a pesar de su energía, era imposible que Mia atravesara el cristal. Pero al mismo tiempo era dulce, noble y cariñosa. Durante mis peores crisis fue una gran compañía. Era el pretexto perfecto para salir a caminar. Claro, yo lo hacía por ella, para que corriera por los jardines y se despejara del aire encerrado del departamento. Pero en realidad era ella quien lo hacía por mí, en esos paseos recuperaba un poco de la energía que tenía perdida. Es muy triste no tenerte, Mia, pero debo aceptar que me siento muy afortunada por todos esos años que formaste parte de la familia. No me queda más que agradecerte por todo lo que hiciste por nosotros, por tu amor incondicional y por tantas alegrías. Te llevaremos en el corazón siempre.




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Propuesta de matrimonio

Tamar Cohen 23-01-2019

Hablemos del fervor que puede desatar un artista en una persona común y corriente. Para mí es un tema muy familiar, crecí adorando a Camilo Sesto en su máxima expresión. Cada año que venía a México asistía a verlo, el enamoramiento era tal, que mis papás me permitían no ir a la escuela al otro día. Me pasaba la mañana escuchando sus canciones a todo volumen e imaginando que me pedía que lo acompañara a sus giras. En el último concierto que fui de niña, Camilo se limpió el sudor con una servilleta blanca de tela y me la entregó. Para mí fue como si me estuviera proponiendo matrimonio. Así que la guardé, al lado del cuaderno que le escribí lleno de poemas y la playera que me regaló mi hermana M en la que dice Camilo y Tamy, con un arco iris en la parte de atrás. Para que visualicen aún más mi fanatismo, casi 40 años después, aún conservo esos objetos en mi caja de recuerdos. Los años han pasado y cambié de ídolo: Bradley Cooper. Desde que apareció en Silver Linings Playbook me identifiqué tanto con él, que muero por encontrármelo y darle las gracias porque fue mi amuleto durante muchos momentos de crisis. Pero ahora que dirigió y actuó en A star is born con la maravillosa Lady Gaga, mi fervor se ha acelerado, vi la película 4 veces en el cine y una en itunes, pues a penas la estrenaron la semana pasada, en todas he llorado. Tengo su foto de fondo de pantalla en mi celular, ya vi las entrevistas, el material extra, los videos de las canciones, todo lo que está a mi alcance. ¿Qué si me siento que traicioné a Camilo? A veces, pero igual no me pienso deshacer de la servilleta descolorada, ¿qué tal que un día se acuerda y me la pide como prueba de amor?




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¿Elegirías ser bipolar?

Tamar Cohen 16-01-2019

Hace meses que no tenía una recaída. Al frasco de Rivotril, siempre a la mano, se le había formado una capa mohosa por falta de uso. Las crisis tienden a anunciarse. Los días previos hay una sensibilidad extrema, una especie de paranoia, se pierde la dimensión de los eventos, la cabeza se siente fatigada, molida y dispersa. Hasta que al fin se presenta el agujero en la boca del estómago y entonces captas que todo lo que llevabas arrastrando en la semana era eso: un nuevo bajón. Es cierto que cada vez son menos, y su duración es muy limitada, de sábado a lunes, (si no contamos la semana de avisos) Sin embargo cuando estás ahí, sumida en la tristeza, llorando, apática, zombie, con insomnio y viendo Netflix las 24 horas, piensas que vas a permanecer así para toda la vida, te aterras y es inevitable odiarte por padecer bipolaridad 2. Por suerte el lunes amanecí muy bien. Con ganas de escribir el blog, trabajar en el guión y dispuesta a pedir perdón a quienes había afectado con mi irritabilidad y ausencia. Estas pequeñas crisis hacen que me cuestione, ¿si tuviera la oportunidad de elegir, escogería ser bipolar? Si las medicinas que me lo controlan no existieran, la respuesta sería un rotundo no. Pero debido a que la mayoría del tiempo el Seroquel hace su debido efecto, puedo decir, aunque cause shock en mis lectores, que escojo mi diagnóstico. Ser bipolar me hace sentir las cosas con mayor intensidad, el amor, la pasión, las risas, la nostalgia y la tristeza. Quizá por eso escribo, por esa sensibilidad hacia la vida, hacia esos pequeños detalles que se transforman en experiencias reveladoras: una canción, la escena de una película, un concierto o la carta de una amiga. Ser bipolar es parte de mi esencia, y así, tal cual, me prefiero.




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Números conmovedores

Tamar Cohen 09-01-2019

Los números me parecen los elementos más abstractos que existen. Estoy segura que los matemáticos me dirán que estoy loca ¿Qué hay más concreto que 2 + 2 = 4?
Y tienen razón, quizá una ecuación sencilla es fácil de absorber, la cosa se complica cuando las cifras comienzan a elevarse. Mi familia se apiada de mí, así que me ayudan haciendo uso de comparaciones. Por ejemplo, esta película costó lo que cinco autos, la cantidad de gente que asistió a esa manifestación fue de dos veces la que cabe en el Estadio Azteca, y aunque no lo crean, mi mente hace click y puede entender la dimensión del asunto. Todo este preámbulo para hablarles de una noticia que me mandaron mis amigas, la cual me conmovió y me dejó más que impresionada. Cinco millones de mujeres indias hicieron cadena humana de 620km por la igualdad de género. Resulta que existe un lugar de peregrinación para los hindúes llamado Templo de Sabarimala, hasta hace algunos meses solo estaba permitido que ingresaran hombres y ancianas, pero en Septiembre del año pasado la Corte Suprema dictaminó que ya pueden acceder las mujeres. Sin embargo, cada que una de ellas entra, es víctima de abuso y violencia. Así que el muro en el sur de la India fue una protesta contra estos actos. La unión y fuerza que emiten estas hindúes nos debe sacudir a todos, independientemente del género y edad de cada uno. ¿Una hilera de 5 millones de mujeres y 620km? Si eres como yo, la cifra, aunque suena impresionante, resulta demasiado abstracta. Así que hice lo de siempre, me acerqué a mis hijos ¿Quieres impactarte aún más? Es como si se formara un muro de mujeres que inicia en la Ciudad de México y termina poco más allá de Guadalajara. Ahora sí me quedo sin palabras.




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Una carta de amor

Tamar Cohen 19-12-2018

A mi mamá:

De niña me encantaba la fiesta de fin de año. Lo celebraba en Cuernavaca junto a mi familia y amigos. Hacíamos coreografías, las cuales ensayábamos las dos semanas de vacaciones, adornábamos el salón de fiestas con cadenas de papel crepé y globos, había música y baile. Era el gran evento del año. Y sin falta, cada que contábamos en reversa los números, hasta que las manecillas del reloj marcaban las 12 del primero de enero, me ponía a sollozar sin control. Algo extraño sucedía en mi interior, una mezcla de nostalgia, tristeza y vacío. Entre abrazo y abrazo me iba calmando hasta que se desaparecía. En una ocasión, lo recuerdo muy bien, el sentimiento me desbordaba y tuve que llevar a mi mamá hacia una esquina. Ahí, alejadas del ruido, le confesé que le había escrito una carta a Camilo Sesto, y le pedía su ayuda para que se la hiciera llegar lo más pronto posible. En la carta le declaraba mi amor incondicional y eterno. Mi mamá es una cajita de sorpresas, puede un día ser una fiera y a los diez minutos transformarse en un tierno gatito. Pues resultó que mi confesión la conmovió, me contuvo a través de un fuerte abrazo y me prometió que se la haría llegar. Una vez que dejé de llorar me limpié las lágrimas y volvimos a la fiesta. No recuerdo qué pasó con la carta, me imagino que investigué la dirección de un grupo de fans del cantante y la enviamos por correo, o tal vez mamá la tiró al bote sin que me diera cuenta. No importa. Mi amor por Camilo perduró por muchos años más.
Como sé que me estás leyendo, ma, te quiero agradecer por haberme tomado en serio y no reírte. Ahora que lo veo en retrospectiva creo que no fue fácil. Sí que te salí rarita, ¿verdad?




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¡Soy un desastre!

Tamar Cohen 12-12-2018

Ya se acerca el fin de año y en automático pienso en los propósitos para el 2019. Desde niña me gustaba llevar registro en mi diario de cuáles serían mis metas a cumplir. Cuando las leo, me da ternura ser testigo de cuántas veces mencioné lo mismo: no morderme las uñas, no agarrarme el pelo, ir a los aeróbics, pero bien (¿qué significa bien?), ser más extrovertida, llevarme mejor con tal persona (aunque fuera una arpía), mantener una buena relación con mis papás, estudiar muchísimo piano, seguir tan apasionada con el novio del momento, aprender a no meterme en la vida de los demás. En diciembre abría mi diario y palomeaba o tachaba si lo había cumplido o no. Aún me conmuevo de esta tradición que seguí por tantos años. Ahora ya no los escribo, pero no por eso dejo de reflexionar sobre ellos. La semana pasada decidí que voy a integrar a mi rutina diaria tres elementos: tomar dos litros de agua, los cuales seguro me ayudarán a mi pésima digestión, caminar por lo menos veinte minutos, (esto como extra al ejercicio de la semana, paso tanto tiempo sentada frente a la computadora que mi espalda baja ya lo está resintiendo) Y por último meditar diez o más minutos, que me ayudará, entre otras cosas, a la concentración. Uso la aplicación Headspace, la cual recomiendo. Listo, ya están mis tres metas del año. Tengo frente a mí el diario del 88 y no puedo evitar sentirme una anciana: dolor de espalda, mala digestión, falta de concentración ¡Qué horror! Además, es increíble que aún siga enfrascada en los mismo, porque si soy totalmente sincera con ustedes, les diría que aún me muerdo las uñas, me agarro el pelo y me gustaría ser más extrovertida. Yo diría que esto habla mucho de mí ¡Soy un desastre!
¿Y tú ya tienes propósitos para el próximo año?




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Superpoderes

Tamar Cohen 05-12-2018

Superpoderes

En una conferencia en la FIL, El Fisgón dijo que el escritor Juan Villoro tiene superpoderes, pues una anécdota que sucedió en tiempo real en 20 minutos, la puede narrar en una hora. No me pienso comparar con Villoro, pero me hizo pensar en lo que me sucedió el otro día. Le estaba contando a mi hijo J y al Barón que estaba en un hotel y bajé justo a la hora que terminan de servir el desayuno, me hallaba nerviosa porque no quería perdérmelo, pero por suerte me topé con la señorita de la recepción que me conoce muy bien, me preguntó si aún deseaba desayunar y me dio una mesa, en seguida me preguntó si ya sabía lo que iba a ordenar, y como yo prefería algo ligero porque comeríamos en dos horas, le ordené yogurt con fruta y granola, ella se apuró para que me lo trajeran y así desayuné con calma. Los dos me miraron intrigados ¿De verdad te pasó eso, ma? Sí, tuve muchísima suerte porque no sé qué hubiera pasado si me habría atendido otra señorita, o si habría tenido que ver el menú para decidir el platillo. Es una historia genial, me dijo en tono de burla. Entonces comprendí lo que estaba pasando, la anécdota en sí no tenía nada de especial, la pude haber contado en un renglón: Llegué al restaurante del hotel 10:50, me senté en una mesa para uno, ordené y desayuné. Así de insípido, no el desayuno, si no la historia. Pero lo interesante es la capacidad para alargar la anécdota, y al mismo tiempo creer que de verdad merece contarse, ya no solo a mis familiares si no a todo aquel que lee este blog. ¿Ustedes qué opinan? ¿Les parece esto un superpoder?