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Blog Tamar Cohem


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Otro nombre

Tamar Cohen 15-08-2018

Para B

Hace tres años que mi papá va a Starbucks a tomar café. Un día lo confundieron con el señor Jacobo y apuntaron el nombre en el vaso de expreso. Él se abstuvo de decir algo porque no le pareció importante. La próxima vez que vaya diré mi nombre real, seguramente pensó. Sin embargo, cada vez que va lo saludan como Jacobo. Es demasiado tarde para hacer algo, me dice cuando le cuestiono que por qué no ha aclarado el asunto. Y lo entiendo, por un lado les haría pasar una vergüenza a los empleados y mi papá prefiere ahorrarles la pena. Además, sería perder el tiempo de lectura que tiene calculado para esa mañana. Así que opta por seguir siendo Jacobo en Starbucks. Si nos ponemos filosóficos, esto que le sucede a mi papá es maravilloso. Todos hemos querido ser otra persona, ver qué se siente llamarnos de otro modo, tener antecedentes griegos o italianos, básicamente fingir por unos instantes que no somos quien somos. Así de simple. Y mi papá, accidentalmente, lo logra cada día. No voy a negar que muchas veces lo he intentado hacer. Pido un expreso americano y cuando el vendedor me pide mi nombre dudo un momento, quiero decir Penélope, Florencia, Atenea, Cloris, Chantal, Encarnación, Norberta, pero no me atrevo, siempre caigo en la misma respuesta aburrida y monótona, verdadera pero cero ingeniosa. Tammy, digo para facilitar el Tamar que en muchas ocasiones no lo entienden. Me falta valor, es verdad. Y es una lástima, porque es una gran oportunidad para vivir en las entrañas del otro. Quizá la próxima vez me atreva a hacerlo. Podría ensayar en casa antes de ir a Starbucks, o mejor aún, ir con mi papá, y una vez que lo llamen Jacobo, seguro que me animo a decir con una gran sonrisa: Ifigenia.

¿Tú, qué nombre dirías?

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