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Blog Tamar Cohem


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Un ungüento para todo

Tamar Cohen 25-07-2018

Otro domingo en la noche que me ataca. Ya ni los cuento porque son mayoría. Se empieza a meter el sol y un vacío se apodera de mi tráquea y me empaña los ojos. Me sucedió lo mismo la vez que fui a ver Jurassic World, mientras el barco se alejaba de la isla abandonando a los pocos dinosaurios que quedaban vivos, sabiendo de antemano que morirían en medio del incendio que se había desatado. Una escena de lo más cruel. Pues los domingos en la noche también son así, crueles a más no poder, el sol desciende en un abrir y cerrar de ojos y la oscuridad tiñe todo el panorama. No hay modo de no deprimirse. A menos que estés en el cine con una bolsa de palomitas de mantequilla y ni cuenta te des. Aunque claro, si las palomitas son de caramelo, hay más posibilidades de estar infeliz. Pero bueno, la ventaja es que como ya tengo práctica en esto de los domingos, conozco algunas herramientas que son ideales para apaciguar el sufrimiento. Entre ellas están las series de televisión, su efecto es casi inmediato, como si me estuvieran poniendo una transfusión de sangre. Sin embargo hay que saber qué serie poner, porque si me decido por un capítulo de la tercera temporada de Velvet, que es en verdad pésima, sería como estar recibiendo la sangre equivocada, y ahí sí podría morir intoxicada. Este domingo opté por el primer capítulo de Greys Anatomy. Ese nunca falla. La escena final entre Derek y Meredith es mágica, como la Vitacilina, que cura raspones, quemaduras, infecciones, acné y cortaduras. Un ungüento que sirve para todo. Terminé el capítulo llena de energía, sonriente y poderosa. Lo logré, un domingo más. Ahora solo resta esperar seis días más. Ojalá se pasen tan lentos como los segundos de una clase de matemáticas. 59, 58, 57, 56… ¡Qué horror! ¡Por favor paren ese segundero!

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